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Generación X, Millennials, Baby Boomers,… Pero tú ¿de qué generación decides ser?
10 características de la Generation Flux y por qué las organizaciones deberían mimarlos
Los expertos nos dicen que pertenecemos a una generación determinada, en función de cuando nuestros progenitores nos trajeron al mundo. No tenemos elección. En función del azar, quedamos “etiquetados”, según una serie de características que nos asignan esos mismos expertos, y que se supone rigen nuestras motivaciones y decisiones. Uno de los retos del liderazgo actual, es gestionar diferentes generaciones que conviven, y que mantienen diferencias muy relevantes.
En esta época de cambio histórico en que vivimos, abogo por no quedarnos ahí. Fijarnos, no sólo en la fecha de la partida de nacimiento, si no también considerar aquello que sí está en las posibilidades de elección de cada uno de nosotros. Poner el foco en aquello que está en nuestra área de influencia.
Hace apenas cinco años, Robert Safian, editor de la maravillosa revista Fast Company, acuñó el término Generation Flux (Generación Flujo, o del cambio continuo). El criterio de pertenencia a una generación, deja de ser exclusivamente demográfico, y pasa a ser psicográfico. Etiquetarse como Genfluxer depende de cada uno de nosotros. ¡Proactividad al poder!

Fuente: Nicolas Raymond en http://freestock.ca/
Dónde habitan los Genfluxers
Vivimos en un mundo y en una sociedad “líquida”, término acuñado por el brillante sociólogo y filósofo Zygmunt Bauman, (recientemente fallecido). Dicha “liquidez” significa que las relaciones, las instituciones, la sociedad, los consumidores, las reglas del mercado,… casi todo aquello que considerábamos cierto e inamovible, se desvanece y cambia a un ritmo vertiginoso y radical. En todos los ámbitos de la vida profesional, y personal.
Es una época de incertidumbre continua, que llegó para quedarse probablemente para siempre jamás. Tenemos que acostumbrarnos a tirar al cubo de la basura muchas de las cosas (por no decir la mayoría) que nos habían enseñado cómo ciertas e inamovibles. Verdades comunes y que fueron de utilidad a muchas generaciones anteriores, conviene revisarlas para mantenerlas, cambiarlas o adaptarlas, de forma que nos facilite la adaptación a un nuevo mundo.
Qué caracteriza a los Genfluxers
No tiene nada que ver con la edad. Tiene que ver con la mentalidad. Una mentalidad que aporta valor a ellos mismos y a sus organizaciones, por lo que estas deberían también priorizar en sus esfuerzos de captación y retención de talento. Los Genfluxers se caracterizan por tener:
- Mentalidad de crecimiento (Growth-Mindset) versus mentalidad fija. Han interiorizado profundamente que la vida es cambio, y adaptan su mentalidad a ello. Una mentalidad de crecimiento implica, por ejemplo:
- Aprender algo nuevo cada día. Aman ser “aprendedores” constantes (Lifelong Learners). Asumen que estudiar y aprender, no forma parte de una época determinada de nuestras vidas. Es una característica esencial y permanente para navegar con éxito a través de las agitadas aguas del cambio continuo y radical.
- Desarrollar sus habilidades, personales y profesionales, incesantemente. Ya no sirve aquello de “yo soy así” y no puedo cambiar (mentalidad fija). Las neurociencias han demostrado que esto no es así, si nos lo proponemos. Pero claro, cambiar implica valor, conocimiento y sobretodo, muchas ganas y esfuerzo.
- Adoptan las nuevas formas de comunicarse. Ya no “reciben” pasivamente la información unidireccional tradicional: prensa, TV, radio,… Ahora, además, buscan la información específica que les interesa, aceptan co+crearla y adquieren la habilidad de compartirla. Ponen su granito de arena para transformar, a mejor, la sociedad y su entorno, ayudando a la democratización global del conocimiento.
- Se conocen bien y saben que es lo que realmente quieren en sus vidas. Hacen de sus verdaderos puntos fuertes, adquiridos e innatos, y de sus motivaciones profundas, ventajas diferenciales y bien pagadas por el mercado.
- Tienen un propósito vital que les ayuda a vivir más felices, con independencia de las circunstancias. Y entienden que existen muchas formas de llevarlo a la práctica durante el transcurso de sus vidas.
- Aceptan y aprenden a disfrutar del cambio, como oportunidad para reconocer y expresar quién realmente son y escogen ser.
- Están dispuestos a “reimaginar” sus vidas profesionales. Entienden y aceptan que probablemente sus roles profesionales cambiarán varias veces a lo largo de sus carreras. Y se preparan para ello con tiempo. Aprenden a trabajar colaborativamente y a sacar provecho de la inteligencia compartida.
- Toman decisiones de forma más automática y natural, basadas en el autoconocimiento personal y en la interpretación, a tiempo, de las tendencias del entorno.
- Entienden que el error es inherentemente humano y omnipresente. Y lo viven como una impagable fuente de aprendizaje y crecimiento. Adquieren las habilidades para levantarse cada vez más rápido de los contratiempos de la vida.
- Saben gestionar su tiempo para conseguir sus objetivos, dentro de un mundo de distracciones infinitas. Por ello saben tomarse momentos de reflexión y silencio interior, como la mejor forma de ser más creativos, adaptables y felices.
- Son personas proactivas, y saben que nadie vendrá a rescatarlos de las circunstancias. Trabajan con conciencia y consciencia para crear sus realidades.
Cualquier lector, miembro de la Generación Flux, sabe que esta no es una lista fija ni exhaustiva. Tan sólo una invitación a compartir y reflexionar sobre nosotr@s y nuestro futuro. En tu caso, ¿en qué generación decides vivir?
Aversión al cambio vs. Ensimismamiento del cambio
“Un pesimista es un imbécil antipático y un optimista, es un imbécil simpático porque ninguno de los dos sabe que va a pasar”. Bertrand Russell
Estoy leyendo un post que recomienda un ex compañero sobre el asunto que está más en boga: la transformación digital. En él un experto comparte su visión de cuánto mercado van a perder las entidades financieras los próximos años por la reconversión digital de su sector. Nos propone un preciso 50% en el próximo lustro, para cerrar el post diciendo que igual se queda corto. Los argumentos que nos ofrece son: que porqué si no se va anunciar el cambio tan insistentemente, el actual escenario de tipos de interés y la irrupción de las fintech.
Me parecen argumentos insuficientes, menos para dar una cifra y fecha tan concretas. Dejo para otro post ofrecer contraargumentos desarrollando la complejidad de la banca “retail”, la importancia del servicio en banca de empresas y mis dudas respecto a cómo una fintech puede competir con entidades financieras que han invertido más de 12000 de euros millones en España el último lustro y que son capaces de juntarse para lanzar un sistema de pago por móvil solo para impedirles el paso.
Me parece más interesante hablar de la aversión y el ensimismamiento ante el cambio.

http://www.freepik.es/
Como consultor me he pasado la vida profesional acompañando a mis clientes en sus procesos de transformación. Ahora sabemos más de la reacción de las personas ante un proceso de cambio. La neurociencia nos explica mucho (secuestro amigdalino ante situaciones inciertas, ahorro energético del ganglio basal…) pero, aunque desconociéramos sus causas, desde hace mucho que conocemos la reacción más frecuente: rechazo. He visto, y veo, tantos buenos profesionales que reciben señales evidentes de que deben cambiar y optan por no intentarlo.
Sin embargo, los últimos años debido quizás al mayor nivel de preparación de los profesionales, la mayor intensidad competitiva o a la neuroplasticidad de nuestro cerebro…percibo un cambio significativo. Ahora un gran número de profesionales estamos ensimismados con el cambio.
Recuerdo una amiga mía que trabaja en una importante agencia de publicidad digital que hace unos años llevaba la cuenta de un banco on- line. Me dijo convencidísima que en pocos años este sería un banco líder en España porque su oferta era imbatible (y lo era). Ese banco cerró el mes pasado.
Según la RAE, ensimismarse es: Sumirse o recogerse en la propia intimidad.
Vivimos un momento donde multitud de emprendedores digitales nos cuentan sus historias de éxito (rara vez escucho a alguno de los cientos de miles que no), consultores y expertos de todo tipo nos avanzan cosas que vienen porque necesitan historias nuevas que contar y académicos de todo tipo que reflexionan sobre el cambio digital y teorizan sobre cómo cambiarán los mercados. Si a esto le añadimos que ahora estamos más interconectados que nunca, se crean estados de opinión que se retroalimentan a sí mismos, pero no se nutren de mucha realidad.
Al final todos cometemos el mismo error, vemos la realidad desde un punto de vista demasiado personal, recogidos en nuestra propia intimidad. Como el autor del artículo emprendedor y académico, ve la realidad desde un punto de vista que poco tiene que ver con la de un profesional del sector financiero. O como mi amiga, que evaluó el potencial de aquella entidad financiera, en función a sus campañas de marketing y un superfluo análisis de portfolio.
Vivimos en una neocracia donde las cosas cambian a tal velocidad, que es fácil quedarse obsoleto y no saberlo. Nuestro mayor miedo ahora no es el cambio, es quedarnos atrás. Lo nuevo vende más que nunca. Pero ni la velocidad del cambio, ni la deseada agilidad pueden ser refugio de la falta de rigor y la vacuidad, ni de vivir de nuestra marca personal o “employer branding” sin nada detrás.
Es evidente que algo se mueve. No es un sinsentido hablar de la cuarta revolución industrial, pero…
¿Dónde está el equilibrio?
(Español) Índice de Eficacia del Manager. Una manera comprometida de procurar que las cosas cambien.
Como consultora de gestión del cambio que somos, en numerosas ocasiones nos enfrentamos al reto de intentar que, una determinada organización, haga las cosas de una manera distinta a como se venían haciendo.
Para ello, normalmente desplegamos programas donde se forma, informa y se trabaja en el cambio de hábitos y formas de hacer, de acuerdo a un determinado nuevo go to market, proceso o estilo de dirección a implantar. Leer más





